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Apple o la manzana (envenenada) en la Caja de Pandora.

Edward Snowden, el conocido activista que desveló el programa del gobierno norteamericano para espiar a millones de personas por todo el mundo, acaba de publicar hace escasos días un artículo que a los que nos dedicamos a la privacidad nos ha vuelto a dar una bofetada de realidad en relación a la hipocresía de la que hacen gala los llamados “sospechosos habituales” (Facebook, Apple, Microsoft, Google) a la hora de tratar nuestros datos personales, promocionando el uso de las técnicas más vanguardistas para proteger nuestra privacidad –como la privacidad diferencial y el cifrado de extremo a extremo, etc,–, al tiempo que, como en esta ocasión, se empeñan en cruzar las líneas rojas más evidentes de nuestra esfera íntima con nuevos sistemas de monitoreo de nuestros datos personales.

Así es, parece que, a resultas del anuncio de Apple sobre su inminente puesta en marcha del sistema de vigilancia intrusivo que permitirá fisgonear los archivos subidos a icloud para detectar potenciales actividades criminales como la pornografía infantil o el terrorismo y su posterior notificación a las autoridades, nos adentramos de lleno en el futuro más distópico que podíamos imaginar y de la mano de quien alardea de excelencia empresarial y guardián de nuestra privacidad. Y es que, además de que, como el propio autor señala, se les ha visto el plumero al pretender alegar colaboración con un fin tan loable como la protección de los niños –pudiendo colaborar a erradicar estas conductas si se usa el icloud de Apple para llevarlas a cabo– cuando la fiscalización alcanza solo a lo que el presunto pedófilo subirá a la nube y por tanto lo que realmente buscan es que no se perjudique a la marca alojando estos contenidos en su cloud y puedan salir a la luz pública, lo cierto es que la deriva que puede tener este precedente acerca de poder fisgonear-escanear de manera continua y remota lo que pasa en nuestros dispositivos buscando pruebas de un posible delito es la putrefacción de la manzana de la firma de Cupertino debería hacer saltar las alarmas de todos los resortes que puedan activarse a lo largo y ancho del planeta en orden a protegernos de este ataque frontal a nuestros derechos y libertades fundamentales como el derecho fundamental a no declarar contra uno mismo –que incluye el no facilitar pruebas contra uno mismo–, la inviolabilidad del domicilio y las comunicaciones, correspondencia, etc,.

De nada servirá que se aplique la técnica criptográfica del cifrado de extremo a extremo en icloud si antes de que se utilicen las claves privadas por el usuario para acceder a los contenidos subidos Apple puede aplicar esta tecnología sobre los mismos.

Las inquietantes palabras del fundador de Facebook Mark Zuckerberg en el año 2011 afirmando que “la era de la privacidad había muerto” resucitan hoy para siempre de la mano de la todopoderosa Apple. Si bien Zuckerberg tuvo que rendir cuentas ante el Senado de los EE.UU. por el asunto del asunto de Cambridge Analítica que ha supuesto hasta hoy el mayor escándalo de atentado contra la privacidad de los usuarios de las redes sociales y con una finalidad espuria como fue intentar influir en la decisión libre de ciudadanos en las elecciones Presidenciales de ese gran país, así como en la campaña del Brexit y se modificó la privacidad de sus servicios y plataformas, la cuestión, ahora es, ¿cuánto tardarán el resto de sospechosos –como Google que ya reconoció que tenía patentado el sistema de vigilancia a través de dispositivos conectados en casa– en hacer lo mismo?

La identidad digital autosoberana que la UE lidera para Europa puede ser, junto con la privacidad diferencial, una buena forma de afrontar los riesgos de privacidad que el futuro inminente nos depara y la mejor, al menos a mi juicio, de conciliar los diversos intereses en juego cuando hablamos de tratamientos masivos de datos personales. Esta identidad digital permitirá interactuar con toda clase de operadores públicos y privados manteniendo el control de la información a compartir con los mismos. Eso sí, parece que el problema no es alcanzar técnicamente este hito, que lo haremos, sino que los propios usuarios tengan conciencia plena de la información personal que comparten públicamente a diario y sobre la que ya no podrán nunca ejercer dicho control. Este es el desafío más importante hoy en materia de privacidad, como lo es exactamente igual la ciberseguridad. No hay pedagogía suficiente para los usuarios que una vez atacados o accidentados con brecha de seguridad, toman entonces conciencia de lo que está en juego. No hace falta recurrir a situaciones extremas como la que acabamos de presenciar en Afganistán con listas negras de ciudadanos “colaboradores” de occidente para tomar conciencia de todo esto o ¿sí?

Juan José Cortés Vélez

Of Counsel del Área Compliance y Legaltech de Devesa & Calvo Abogados

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